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Su carrera, densa y fructífera, parecía tener como único objetivo divulgar y hacer accesible la música que amaba. Tocaba la batería con tanta facilidad que aun podía sonreír y hacer continuas muecas al público, que, inmediatamente, quedaba atrapado por su carismática personalidad.Nació en Pittsburg (Pensilvania, Estados Unidos), y la leyenda le atribuye unos comienzos profesionales como minero y, más tarde, como metalúrgico. Tras unos breves estudios de piano, en 1940, a la edad de 21 años, empuñó las baquetas para no soltarlas ya nunca: pasó pacientemente sus años de formación en orquestas como las de Fletcher Henderson o Mary Lou Williams, en las que eran muy escasas las posibilidades de destacar, pero algo debió ver en él Billy Eckstine para brindarle la oportunidad de unirse a su banda, en la que estaba formando un núcleo de músicos disconformes con la estética imperante por entonces. Allí estaban Dizzy Gillespie, Miles Davis, Charlie Parker y Dexter Gordon, entre otros. Junto a ellos empezó a moldear un nuevo lenguaje que, a contracorriente, comenzó a ganar adeptos; se llamaba bebop, y, no contento con compartirlo, apretó un poco más la tuerca y propició, con la ayuda de Horace Silver, un pianista que comprendía y apreciaba sus ideas, una variante alegre y cálida que, enseguida, se hizo hueco entre los aficionados a los nuevos sonidos.

Labor de difusión

Desde 1955 Blakey dirigió grupos propios a los que siempre llamó Jazz Messengers (Mensajeros del Jazz). Ningún afán de protagonismo se desprende de este nombre, porque él siempre entendió que la labor de difusión del jazz era una tarea colectiva. La recompensa pronto le vino en forma de jóvenes músicos que se acercaban a él con la esperanza de encontrar el consejo que les situase en el camino correcto.

Blakey nunca regateó las palabras de aliento y sus habilidades como pedagogo convirtieron los Jazz Messengers en una escuela ambulante, porque Blakey siempre fue partidario de las clases prácticas, e, incluso, se valía de su religiosidad para infundir la fe en la música. Es famosa la arenga que lanzaba. a sus músicos en los momentos previos a cualquir concierto o grabación: “Dios os brinda otra oportunidad de purificaron por los errores cometidos la vez anterior. Aprovechadla”.

A buen seguro que esta frase permanece en la memoria de músicos que hoy han alcanzado reconocimiento gracias a él y que son multitud. Wayne Shorter, Keith Jarrett y Winton Marsalis, por citar solamente a músicos en activo, han pertenecido a su grupo, y todos, sin excepción, han reconocido su deuda para con Blakey.

Instinto milagroso

En España ha habido ocasión de ver a Art Blakey en muchas ocasiones, y nunca defraudó. Siempre venía con los mejores músicos, a los que parecía distinguir casi con sólo núrarlos. Su instinto para elegir a los intérpretes adecuados era milagroso.

Cada edición de su grupo parecía mejor que la anterior, y él mismo, cada vez más joven y optimista. En un concierto en el desaparecido Club Balboa Jazz de repente falló la amplificación, y lo que parecía un inconveniente se convirtió en ventaja, porque así se pudo escuchar la música tal y como se producía. Art Blakey se amoldó perfectamente a la situación modificando la potencia de sus golpes como si aquello fuera lo más natural del mundo. En él todo parecía natural menos la muerte.

FUENTE

OTRA BIO DE ESTE GRAN MUSICO

“No tengo tiempo para celebrar mis cumpleaños, no son importantes para mí porque toda mi vida lo he pasado tan bien”, decía Blakey al cumplir 60 años en 1979, el año en que aprendió a nadar. Anécdota que ilustra el vigor y empuje que Art Blakey tuvo y le dió durante toda su carrera a la difusión del jazz. En el jazz, el baterista es el que proporciona los latidos del corazón y Blakey tuvo el más grande de todos. Articuló sus creencias en 1954 en su LP “A Night in Birdland”, grabado en vivo en el famoso club de Nueva York, cuando declaró a los 34 años “me quedaré con este grupo de músicos jóvenes y cuando ellos se pongan viejos, me conseguiré reemplazantes más jóvenes”. Los jóvenes de ese año eran nada menos que Clifford Brown, Lou Donaldson y Horace Silver.

Blakey nació en Pittsburgh el 11 de octubre de 1919. Aprendió a tocar el piano en el colegio, y ya a los 14 años trabajaba como músico profesional. Poco después, según Blakey, fue obligado a cambiar de instrumento por un gángster, dueño del lugar donde tocaba con su banda. Una tarde apareció un joven pianista cuyo estilo le agradó más al gángster y le sugirió a Blakey cambiar el piano por la batería, consejo al que sabiamente el talentoso Blakey accedió. El pianista era Erroll Garner.

La técnica de Art Blakey era asombrosa. Con gran poder y originalidad creaba sonidos obscuros con sus platos, los que puntualizaba con frecuentes acentos de alto volumen en la caja y el bombo. El estilo de Blakey era de tocar fuerte y de dominar, pero siempre escuchando y respondiendo a los impulsos de los solistas con fuerza, delicadeza y alma – todo mezclado en un estilo que es imposible de confundir con el de otro baterista. Un músico describió el pulso rítmico de Blakey como el de una orquesta sinfónica acompañando al solista.

Después de algunos años en los que fue baterista de importantes músicos y líderes como Mary Lou Williams y Fletcher Henderson, de 1944 al 47 fue miembro de la banda del cantante Billy Ecsktine. Durante esos años se asoció al bebop, un movimiento de jazz moderno, junto a otros músicos de la banda, como Miles Davis, Dexter Gordon, Fats Navarro, Kenny Dorham, Gene Ammons y Charlie Parker. Después de que Eckstein disolviera su banda, Blakey viajó en 1948 al Africa, donde vivió por más de un año. “No fui al Africa a estudiar tambores como se ha dicho, fui porque no conseguía trabajo … hasta tuve que trabajar en el barco para pagar el pasaje”. Aunque siempre le restó importancia a la influencia africana en el jazz, Blakey usó elementos africanos, como tocar en el casco de los tambores y empujar los parches con el codo para cambiar el tono de los tambores.

Sin embargo, la verdadera historia de Art Blakey es la de los Jazz Messengers. Originalmente, la banda comenzó en 1949 como los Seventeen Messengers, con 17 músicos, y a ella pertenecieron el saxofonista Sonny Rollins y el pianista Bud Powell. Aunque musicalmente tuvo gran éxito, falló en la parte económica y se disolvió poco tiempo después. Algunos años más tarde, Blakey fue contratado junto al pianista Horace Silver para tocar una temporada en el club de jazz Birdland, donde nacieron los Jazz Messengers, co-liderados en sus comienzos por Blakey y Silver. Algunos meses después, Blakey tomó las riendas de líder permanente de los Jazz Messengers. Los Messengers se convirtieron rápidamente en la banda prototipo del hard bop, un estilo que Blakey ayudó a impulsar y que incorporaba los elementos de más sensibilidad del jazz [soul], con agresivas y dinámicas versiones de temas del bebop. La contribución de Blakey al jazz fue la de descubrir y moldear talento durante más de tres décadas. Sus Messengers se renovaban constantemente. Blakey nunca despidió a un músico, los músicos sabían cuando había llegado el momento de partir.

La lista de músicos descubiertos por Art Blakey que tocaron con los Jazz Messengers es tan asombrosa como interminable. Entre los músicos que figuran como ex-alumnos de la “Universidad de Art Blakey” y que llegaron a ser grandes solistas y líderes se encuentran: Donald Byrd, Johnny Griffin, Lee Morgan, Wayne Shorter, Freddie Hubbard, Keith Jarrett, Chuck Mangione, Woody Shaw, JoAnne Brackeen, Wynton y Branford Marsalis, Curtis Fuller, Benny Golson, Bobby Watson, Wallace Roney, Cedar Walton, Hank Mobley, Jackie McLean, Javon Jackson, Brian Lynch, Geoff Keezer, James Williams, Mulgrew Miller, Terrence Blanchard, Donald Harrison, etc., etc., etc.

En 1958, a pesar de que los Messengers gozaban de gran fama y habían grabado gran cantidad de discos y tocado en giras por Europa y el Japón, Blakey encontraba que les faltaba consistencia y que, a pesar de las frecuentes actuaciones, el grupo no ganaba suficiente dinero para subsistir cómodamente. Blakey solicitó ayuda al joven saxofonista y compositor Benny Golson. Este recomendó que contratara a un grupo diferente de músicos, que actualizara su repertorio y que exigiera sueldos más elevados. Golson trajo a un grupo de jóvenes de Filadelfia con Lee Morgan en trompeta, Bobby Timmons en piano y Jymmie Merrit en bajo; sin duda uno de los conjuntos más exitosos de los Messengers. Golson además convenció a Blakey que necesitaba un tema novedoso para renovar la imagen de los Messengers insistiendo que debía explotar su gran técnica: una marcha. En los ensayos del nuevo repertorio, Blakey decía que se sentía como boy-scout al tocar “Blues March”. Sin embargo, tal como Golson lo predijo, los Messengers volvieron a su apogeo y Blues March resultó ser una de las composiciones que los identificó por años.

Blakey nunca perdía una oportunidad de promover el jazz. En una ocasión en que viajaba con los Messengers a un concierto, en un área rural observó que en un cementerio comenzaba un funeral. Blakey decidió tomar parte y observó la ceremonia a una distancia respetuosa. Al finalizar, el pastor preguntó si alguno de los presentes quería hablar. Como nadie lo hizo, Blakey se dirigió a los amigos del difunto diciendo: “Ya que nadie quiere hablar, me gustaría decir algunas palabras acerca del jazz…”.

Su carrera tuvo altos y bajos. En la década de los 70 el hard bop quedó en segundo plano, dando paso a la fusión y la música disco. Sin embargo Blakey no abandonó al jazz y continuó con sus Jazz Messengers y su música basada en los blues, tocando con un swing sin misericordia. En 1980, con un nuevo grupo de jóvenes y los hermanos Marsalis a bordo, aprovechando un cambio en los gustos del público, los Messengers volvieron a su lugar de prestigio en el jazz, el que duró hasta la muerte de Art Blakey en Nueva York el 16 de octubre de 1990.

FUENTE

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